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miércoles, 18 de abril de 2012

El pastor

 Para Ignacio Marín

Qué serena majestad
la del pastor en el monte:
su figura se recorta
en medio del horizonte.

Lo vemos con su rebaño
y con su rostro cetrino,
con su mirada lejana,
andando todos caminos.

Arrebujado en su manta,
lleno de calor y frío,
la cara llena de arrugas,
la soledad, por amigo.

Curtido por todos vientos,
quemado por todos soles,
mojado por tantas aguas,
quebrado por los dolores.

Y no queriendo otra cosa
que seguir viviendo así,
su rebaño y sus perros
y el tener un buen morir.

Pedro Róman Sanchéz
También el alma se rompe

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